planificar para controlar


¿Qué es la planificación política?

A diario encuentro en los periódicos que tal o cual partido ha incorporado un asunto, un tema de interés a su agenda. A diario vemos cómo un político o un grupo social tratan de hacerlo y no lo consiguen.

Bueno, antes de nada, si queréis saber más no tenéis más que ir a la biblioteca y buscar, o cotillear google, que en estos tiempos es más asequible, aunque encontraréis mucha letra y poco fuste.

La agenda política no es sólo cosa de políticos, y si una entidad, asociación o grupo de personas trabaja de manera inteligente, dispondrá de una agenda y una planificación adecuada para que las cosas vayan (dentro de lo posible) por el camino que uno desea, no por el camino que a uno le marquen.

Hemos visto el ejemplo claro, clarísimo esta pasada semana. No hablaré de fútbol, no, sino de una política tan odiada como reverenciada que ha hecho su juego de manera profesional: ha puesto su debate, su tema, su asunto en los medios de comunicación, en los deportivos que son los que más se leen y en todos los demás. Ha puesto de mal humor a mucha gente y ha sacado otros asuntos de las portadas o los ha relegado a segundo plano.

¿Que te cae mal, que no estás de acuerdo? Me parece bien, pero la jugada ha dado resultado, aunque sólo sea momentáneamente.

Pongamos otro ejemplo: el partido socialista y la iglesia. Ahora tienen una agenda, que han hecho pública, para canalizar el descontento de miles de personas con la iglesia católica y la cantidad de dinero que ganan, la cantidad de dinero que reciben o los impuestos que no pagan. ¿Conducirá esto a algún cambio legal en España? En absoluto, pero sí a un cambio de tendencias y a un encrespamiento de los ánimos contra el partido que gobierna. Unido a la tontería de que el tiempo que ellos han gobernado no han sacado la propuesta a la luz, a pesar de que sus bases se lo demandaban. Pero no es lo mismo.

Vamos, que determinadas potencias políticas están más por la labor de enfrentar y calentar a la gente que de otra cosa.

La última ha sido el presidente del Gobierno. Hasta el momento no había dado ni una rueda de prensa. Y lo hace ahora que las aguas españolas están más que turbias para ser él quien controle el tiempo de los medios de comunicación. Si nos fijamos en sus palabras no hay por qué preocuparse de otras cuestiones, salvo que te pongas a mirar y analizar lo que ha dicho, cómo lo ha dicho y el contenido de lo que ha dicho (pero esto es otra cuestión).

De ahí que considere tan importante controlar en lo posible los tiempos, las agendas y los programas de las asociaciones, entidades y partidos políticos.

mejor ser feliz

Me gustan las encuestas, esconden cosas de lo más interesante y clarificador. Aunque, claro, hay que tomarlas con cautela.
La última encuesta, sondeo de opinión, barómetro del CIS es de las buenas, de las de fiarse, pero según cómo tomes los datos, los puedes asociar a tu manera de pensar.
Allá voy.
Empecemos con la palabrería:
Sí, los problemas de España para los españoles son tres: el paro, la economía y los políticos.
Así como suena, los políticos, las personas que viven profesionalmente de la política, que no notan el paro y que NOS REPRESENTAN, a quienes NOSOTROS ELEGIMOS.
Olvidaos de ETA, olvidaos de los inmigrantes, olvidaos de las tiendas de los chinos, olvidaos de sanidad o educación o de transporte, olvidaos de todo eso porque los españoles afirman que los problemas de España son:
  1. Paro
  2. Problemas económicos.
  3. Los políticos.
Si yo fuera un político de pueblo, o de una pequeña ciudad, me lo tomaría a mal, a muy mal. Aunque, para ser sinceros, y fuera del ámbito de la encuesta: si a mí me han elegido por cuatro años, ¿qué más me da lo que digan? Si me han elegido; no me iré hasta que no me echen en las elecciones. Aunque le caiga mal a la gente, aunque lo haga mal. Si no hay otras opciones políticas, me seguirán eligiendo, unos dirán que no van a votar, otros dirán que el voto útil, otros dirán que la ley electoral, pero casi nadie hará nada por remediarlo. Y yo seguiré viviendo de la política.
Y enlazo con la siguiente parte de la encuesta: PARTICIPACIÓN. Echaos a temblar, sí.
  • Casi 50 % de las personas nunca ha firmado o recogido firmas por alguna causa. (¿Para qué, si no sirve de nada?)
  • El 65 % de las personas nunca ha hecho una compra ética o para favorecer el medio ambiente. (La culpa de las tiendas de los chinos, de la economía sumergida, de los productos baratos o de la explotación infantil es problema de otros, no mío)
  • El 58 % de las personas nunca ha hecho una huelga. (¿Para qué, si no sirve de nada?)
  • El 71 % de las personas nunca ha asistido a un  mitin o reunión política (Ya me enteraré en la tele, harán un resumen por mí de las cosas interesantes)
  • El 87 % de las personas nunca ha contactado (o intentado contactar) con un partido político. (¿Acaso no son las personas a quienes he votado y que me representan? ¿Les digo lo que pienso cuando se equivocan, les digo que me ayuden cuando lo necesite, sé siquiera dónde trabajan y quienes son? Aunque, ¿me van a hacer caso?)
  • El 93 % de las personas nunca ha contactado con un medio de comunicación (total, los periodistas son mentirosos, sinvergüenzas y están al servicio del poder).
Hay que tomar las encuestas como lo que son, sondeos, un vistazo leve a la opinión. Pero estos datos son bastante duros por sí mismos. Y vienen a demostrar una cosa sencilla que no me canso de repetir: la gente se desinteresa por la política, la participación o el activismo (no confundir con salir a la calle, quemar contenedores, ni siquiera con repartir folletos por las esquinas) lo que conduce a que quienes nos gobiernan (LAS PERSONAS QUE NOSOTROS ELEGIMOS, A QUIENES NOSOTROS LES DAMOS TRABAJO) puedan hacer lo que quieran cuando quieran.

Explicado en el extranjero

¿Por qué Francia mira a España? Es bien sencillo, sencillísimo.
Están de elecciones y mirarse a ellos mismos, me refiero a los políticos que utilizan estratagemas, no a las personas francesas, es arriesgado porque se darán cuenta del asunto principal: no lo han hecho bien y no saben cómo hacerlo en el futuro. Con lo cual buscan un elemento ajeno, extraño y suficientemente cercano como para que las personas lo entiendan (crisis en España, o intervención en Grecia).
De repente tienen un chivo expiatorio y consiguen lo que pretenden: desviar la atención de las personas unos cuantos días. Mientras se habla de España, de la crisis, de cómo somos o dejamos de ser, de los guiñoles o de si los deportistas procedentes de España se dopan, no hablan de su manifiesta incapacidad.
Está más que inventado, sólo hay que mirar la historia reciente de EEUU y sus conflictos bélicos utilizados como opio para la opinión pública, y si no os gusta leer política, tenéis decenas de películas y series de tv donde aprenderlo-comprobarlo.
No digo que sólo pase en Francia, sucede en cualquier lugar, se llama desviar la atención del elemento más peligroso para que pase desapercibido y jugárnosla a todos los ciudadanos, y personas.
Y en un momento como el siglo XXI en España (y el resto del mundo) donde el periodismo y el debate público está degenerado y empobrecido, por más que les duela a las redes sociales y opinadores de tres frases, la jugada es tan sencilla que sería tonto el político que no recurriera a las viejas estratagemas. Yo lo haría y lo aconsejaría...si alguien me pagara mucho por ello. Para eso está en los manuales.
Como ejemplo de lo que digo, el recurso de nuestros presidentes de los últimos 30 años. Utilizar una entrevista en un medio de comunicación extranjero (casi siempre en fin de semana, para asegurarse la cobertura) para anunciar programas y afirmar cosas que nunca harían en España.
¿En qué lugar deja esto a la prensa española? ¿En qué lugar nos deja si encima les seguimos el juego y no paramos de comentar la noticia que es una noticia misma?
En muy mal lugar: celebramos y compartimos el debate que ellos mismos generan.
Táctica: la distracción, desviar la atención de lo importante para atraerla a lo que conocen, manejan y para lo que están entrenados. Un buen político sabe cómo reaccionar y llevar cualquier asunto peliagudo y complicado a su terreno. El hecho de que nos guste o no, no importa; el hecho de que lo compartamos o no, es secundario. Sólo se trata de una explicación.
En Francia y en Alemania se han autoproclamado reyes de la Unión Europea, no me refiero a los ciudadanos franceses y alemanes, no; me refiero a cierta clase política. De esta manera confunden a toda Europa y nos convencen de que ellos no tienen crisis, de que el problema está en los del Sur, ¡ay, los del Sur! Una vez desviada la atención y engañados los públicos presentes, pueden acometer las medidas que consideren beneficiosas a nivel personal, nunca general, nunca social.
Y no, no caeré en la tentación de recordar que Alemania no es Francia o España, en el sentido que Albacete no es Cáceres o Milán no es Sicilia, o Barcelona no es Orense.

frases celebradas

Hay frases que no por su sencillez dejan de ser recurridas y claras como sentencias.
Las ha dicho hoy un chaval (hombre) acusado de meterse con 8 policías para impedir un desahucio.
Las dos frases que he sacado del contesto:
"¿Pero cómo un tirillas como yo va a pegar a ocho antidisturbios?"
Y, "me he vestido con un traje para que no me confundan con un perroflauta".
Me vienen tantas ideas a la cabeza que mis dedos no pueden.
Dejo unas cuantas al azar y cada cual saque sus conclusiones:
¿Se dejaron pegar 8 policías por un sólo tío?
¿El hecho de ir vestido de una manera u otra condiciona a un juez y su veredicto?
¿El juez se va a creer de verdad estos desvaríos?
¿Desde cuándo en España se ha olvidado aquello de "se es inocente mientras no se demuestre lo contrario"? Es lo mismo que decir: si eres perroflauta, culpable, si no vienes con traje, culpable, si no sabes unir la m con la a, culpable. Si dicen que eres culpable, culpable...y ya te apañarás.
sociedad democrática
justicia
las personas confían en la justicia
sociedad civil
justicia
las personas confían en quien ostenta el poder
las personas que tienen puestos en la justicia son empleados públicos, están al servicio de las personas que conforman la sociedad civil y, ¡vaya!, también son personas (no son patos, ni zombis, ni siquiera son patos zombis).