miércoles 16 de diciembre de 2009

Política Interior

Ojeando y hojeando un libro sobre los problemas de España a principios del siglo XX encontré varios detalles: el tremendo problema en el campo español, la cuestión catalana, la situación obrera y los malos entendidos entre las dos grandes ideologías políticas.
No me he dado cuenta hasta pasado un rato y he comenzado a analizar, de memoria, nunca con lápiz y papel. He comparado.
He comparado pero he caído en la cuenta de que ya no hay pesetas, por un lado. Y esto hace la comparativa económica complicada, imposible a nivel estadístico (para mí, quiero decir, y sin calculadora en mano) Por otro lado, el año 2009, 2010 casi, es un siglo diferente al XX: Ha pasado un siglo y los tractores han mejorado la vida de los agricultores, de sus hijos, de los productos -una comparativa menos.
Como lógico entiendo que la situación obrera no se puede comparar ni mucho menos porque en el siglo XXI tenemos Constitución, tenemos Estatuto de los Trabajadores, tenemos convenios colectivos, tenemos jueces, sindicatos, tenemos de todo. Incomparable.
¿Cuál es el problema real de España?
Solucionar los problemas en el mismo instante en que aparecen, y estimar los problemas futuros, preverlos.

lunes 14 de diciembre de 2009

Política exterior y un nevazo

Las ventajas de un buen temporal es que ocultan otros titulares. El inconveniente del siglo XXI es que hay muchos espacios y todos los titulares terminan por aparecer y doler.
Hoy es uno de esos días en que todo el mundo ha recibido su dosis de escarnio, pero como la nieve lo limpia todo, ninguno de ellos hará caso. Siempre y cuando los resbalones no hayan sido graves.
Me referiré en exclusiva a la política exterior española, de lo más preocupante en los últimos meses, aunque cualquier historiador dirá (sabrá) que la política exterior española siempre ha sido complicada.
La fecha de inicio de la política exterior en España, como tal, difiere según los estudios. Algunos la situan en la apertura de los años 50, los más en los años 70. Pero no es el inicio lo que me preocupa sino los temas que estudiaba y los que se estudian hoy.
Corro el riesgo de dejarme unos cuantos, no me importa. Empezaré por Marruecos, las relaciones con la Unión Europea (Europa en su día) y seguiré con las relaciones con Estados Unidos. Si alguien da más, sólo tiene que indicarlo.
La relación con Marruecos es curiosa, el caso de Aminatou Haidar lo manifiesta, manifiesta un problema surgido en la época colonial que este país moderno y democrático no ha sabido solucionar (las soluciones las dejo para los listos, sino no estaría yo aquí) Pero haría falta un poco más de mano izquierda (en el sentido más amplio de la palabra) y menos dependencia de las influencias estadounidenses.
La relación con Marruecos nos lleva a escuchar a miembros del Gobierno y de diferentes partidos políticos la necesidad de la actuación del Rey, lo cual no es sino sospechoso de que alguien no hace bien su trabajo, no cumple sus obligaciones o escurre el bulto de manera descarada (esto quiere decir: tomándonos por tontos a los demás). Al final nuestro país vecino hace lo que le interesa, ni más ni menos. ¿No debería hacer eso España, lo que quisiera?
Se recurre a Estados Unidos como salvador y la reunión del Ministro de Exteriores con la Ministra de Exteriores eeuunidense (la Clinton) apenas deja cinco minutos para hablar del asunto porque al país más poderoso e importante del mundo, el que manda, no le interesa molestar a un país como Marruecos, aliado (económico, político y geoestratégico, y no por este orden) desde los complicados años de las guerras mundiales.
Así que España se cruza de brazos porque poco se puede hacer: no puede hacer nada con-contra Marruecos, no puede hacer nada con-contra Estados Unidos.
Y queda Europa. la Europa que nos ha salvado a base de talonario y que lava la cara de cualquier mandatario con seis meses de presidencia nominal. El resto del año es cuando se hacen políticas de corte conservador y luego gotean en cascada a nuestro país.
España no es ni ha sido, un país de diplomacia. De hecho, los diplomáticos son como notarios o jueces: funcionarios de alto standing que hacen lo que pueden. Y ésta no es una afirmación alegre, más bien lo contrario. Pero si en un país tenemos que esperar a que un rey (nos caiga bien o mal) o una ministra del país que manda en el mundo, nos solucione los problemas, eso no se llama diplomacia: tiene otro nombre.

sábado 21 de noviembre de 2009

Esclavitud mental

(Basado en varios casos reales)

Tengo total libertad y legalmente todos los derechos para contratar a un abogado y que, en mi nombre me defienda.
Soy libre para hacerlo, siempre que quiera, claro.
Cuando la esclavitud era un hecho legalmente mantenido, el trabajador esclavo (no olvidemos que el esclavo era trabajador, sobre todo. Además de otras cosas vergonzantes) sólo tenía miedo de dos cosas: del golpe diario (el castigo), y del golpe definitivo (la muerte). Ambos articulados en su ley correspondiente, según los países, incluido España.
En Albacete, en el año 2009, soy libre, sólo tengo que repasar las leyes que me obligan y me cuidan a partes iguales, así como los juzgados que me cuidan y me castigan a partes iguales.
Soy libre de elegir trabajo (pausa para las carcajadas), cambiar, evolucionar y, si mis derechos (escritos en letras doradas en leyes, y sentenciados con plumas de oro por jueces) no se cumplen, denunciar (o defenderme, mejor dicho).
He pasado seis años en una empresa, he firmado (porque necesito el dinero para vivir) contratos temporales en dicha empresa donde cada año nos amenazaban con que a los trabajadores malos (sin definir quiénes eran los malos y quienes los buenos) no les renovarían. A mí me han renovado porque he callado, no he levantado la voz.
Mi trabajo es cómodo, el salario me permite llegar a final de mes e irme de vacaciones, aunque no comprarme una casa, por ejemplo. El horario es adecuado, pero si mi jefe (que no vive aquí sino en Valencia) me llama un día cualquiera en que estoy librando, y me insinúa que debo ir a trabajar: voy. No cobro las horas extra, ninguno de mis compañeros las ha reclamado (porque se considera de mal trabajador, podrían echarnos).
Con estos condicionantes mentales de sublimación, de hacer lo que me digan, de agachar la cabeza diciendo síseñor, explico mi situación actual.
Me han despedido y me ofrecen 10 días de indemnización por el último año de mi contrato, olvidando los otros 6 que me han tenido a su entera y completa disposición. No hablo de esclavitud porque nunca me han pegado, pero sí me han gritado, menospreciado y amenazado.
Hablé con un abogado, sindical para más señas. Me dijo que tenía derecho a denunciar porque me habían engañado, realmente mi contrato se considera en fraude de ley (¿Fraude? ¿Cómo es posible que me engañe el empresario que amablemente me ha dado trabajo durante seis años?)
Pero me pregunto, si denuncio, ¿se hará realidad lo que me dijo antes de cerrarme la puerta en las narices? ¿Hablará con los empresarios de Albacete para que no me contraten en ningún otro sitio? ¿Me contratará dentro de cuatro meses cuando la Administración, o sea, el gobierno, le vuelva a dar una concesión multimillonaria gratuita de la que, además del beneficio directo obtiene el beneficio de no pagar legalmente a sus trabajadores?
Camino de casa fui pensando que 10 días no estaba tan mal. Ir a juicio sólo es de gente mala, no de personas decentes. Además, me ahorraría el trago de que un juez (con o sin pluma dorada, pero siempre con toga lustrosa), me dijera en su despacho privado que el empresario podía presentar cuentas negativas (verdaderas o falsas, pero imposibles de comprobar) y dejarme en la calle sin un euro y con su amenaza sobre mi cabeza.
Mejor no denuncio. Porque tengo libertad para tomar esta decisión, aunque sepa que no lo hago porque el sistema (la ley y todo su entramado) realmente no me defiende ni cuida de mí.

jueves 12 de noviembre de 2009

El modelo español es más fácil de exportar

Se puede leer hoy en la prensa que desde el Gobierno pretenden que en España se imponga el modelo alemán (tanto a nivel económico como productivo y laboral), lo cual no es sino una buena idea: se elige un sistema que funcione y se copia. !Qué mejor manera!

No entro a valorar el contenido de lo que puede o no puede ser un modelo alemán, eso nos llevaría varias clases y bibliografía complementaria. De lo que se trata es de entender que determinados modelos no son útiles en todos los casos. Sobre todo porque un modelo económico o laboral pasa, siempre, por las personas.

Hay tantos modelos como longanizas. Tenemos el modelo capitalista, el socialista, el modelo japonés, el modelo escandinavo, se puede picar de muchos platos, se podrían copiar muchos elementos.

Algunos se han ilusionado creyendo que el modelo capitalista desaparecería gracias o por culpa de la crisis económica. Es decir, todos entenderíamos que era malo (el modelo) y nos comportaríamos de otra manera (me refiero a las personas, no al Gobierno, ni a los empresarios): no iríamos a las ofertas salvajes, no iríamos a lo más barato y de peor calidad, no iríamos a los centros comerciales a buscar electrodomésticos fabricados en países en vías de desarrollo, no compraríamos ropa ni zapatos ni juguetes fabricada en países del Sur, no compraríamos objetos robados a mitad de precio, no compraríamos a los chavales que venden películas y música por los bares o en la calle, no pirateríamos el Canal +, ONO, Internet del vecino, etcétera, etcétera.

Seríamos de otra manera.

Y, a partir de ahí, los empresarios y el Gobierno empezarían a comportarse...sí, de otra manera.

Pero la prueba de que importar un modelo es inviable es que el primer paso es modificar el comportamiento personal y social, así de sencillo si no, es imposible.

¿Importar la filosofía de trabajo alemana, japonesa, europea? ¿En España?

Suena a broma, tendríamos primero que derribar decenas de tópicos y estereotipos, y no hablaré del jamón, del sol, ni de la tortilla de patata, sino de la mentalidad en el trabajo, de la mentalidad cultural española (de la cual sí se han hecho estudios y cuyo modelo muchos intentan importar, asimismo, aunque finalmente desisten y se vienen a jubilarse aquí).

Un modelo económico no se puede importar así por las buenas, y son pocos los modelos culturales que se pueden exportar de manera adecuada: salvo el comunista y el socialista (con sus métodos que no entramos a valorar) y el estadounidense (con su poder económico-publicitario-mediático).

lunes 2 de noviembre de 2009

Un nuevo barómetro de opinión

Siempre os comento que no desperdicies la oportunidad de saborear un buen barómetro de opinión del CIS, sale cada mes, se puede ir comparando, incluso lo podéis dejar para los fines de semana y repasarlos en el baño, como un sudoku complicado.
La situación es más de lo mismo, y ésta es la sensación que tiene la mayoría de la gente. De hecho más del 50 % de las personas piensan que la situación política está como estaba, aunque, ay caramba, casi el 60 % dice que están peor o mucho peor. Como en lo concerniente a la economía (problema que más preocupa y más afecta, según la encuesta descrita) donde el 71 % de los encuestados aseguran que las cosas están mal o muy mal, toma. De hecho peor que el año pasado (60 % opina esto).
Para no alargarme mes a mes comentaré las tendencias políticas, que no tienen desperdicio: un 20 % no lo saben o no quieren contestarlo (¿quién, yo, me preguntas a mí?), apolíticos son un 4,5 %, similar a los ecologistas y nacionalistas: curioso, se habla mucho más de los nacionalistas en este país que de los ecologistas o los apolíticos. ¿Acaso no serán tendencias ideológicas que se tomen en consideración o se consideren serias?
Sociatas 27 % y de derechas (conservadores, liberales y democrata cristianos) 34 %.
Marco representativo de cómo está el patio en nuestro querido país y de cómo podríamos dejarlo nosotros con los pinceles y brochas adecuados.
Finalmente la intención de voto, siempre camuflada en la última página (¿adrede?): PP, 41; PSOE, 37,7; IU, 4,7; UPD, 3,7.
Del resto paso conscientemente (leedla), pero como siempre me llama poderosa, inquietantemente la atención el abstencionismo, nosabismo, nocontestismo: 32,6 %.
Mi única conclusión de hoy, por ser lunes y porque me duelen las rodillas es que algunos en este país lo tienen muy fácil con un panorama como el actual.

jueves 22 de octubre de 2009

MIEDO

Desde niños nos enseñan a ser libres. Desde niños nos enseñan a no ir contra las normas.

Desde niños aprendemos la tremenda contradicción que ello implica si las normas atentan directamente contra nuestra libertad. (Y no hablo de cuestiones obvias como saltarse un semáforo en rojo, matar, robar, etcétera)

El miedo a la corrección o el miedo a la incorrección. Los temores a no ser correspondidos, o el miedo a que la sociedad, y sus elementos, reaccionen contra uno.

Asumir las reglas como tales lleva aparejado el miedo a ir contra ellas, si por casualidad quedan obsoletas, anticuadas o sin contenido.

Este miedo se manifiesta porque igualmente que nos enseñan a asumir las normas, nos enseñan que ir contracorriente no está muy bien visto. Aunque nadie nos dice que hay dos tendencias sociales marcadas y aceptacas: la del que asume (apechuga y calla) y la del que participa (trata de cambiar y mejorar)

Cada vez que un semanal hace mención a empresas que tratan bien a los trabajadores hablan de google, de sus horarios, de que hay billares, monopatines, cafetería, muchos colores, tremenda libertad de elección siempre que se cumplan los objetivos. Curiosamente aseguran que los objetivos se cumplen con creces, lo cual debería dar que pensar: ¿Por qué no lo hacen todas las empresas? Si les funciona a ellos, ¿por qué no a los demás?

En fechas recientes, varios trabajadores de una empresa de Albacete presentaron una planificación completa: calendario, horarios, posibilidades de conciliación, libertad de entrada y salida, etcétera (no era google, pero era algo). Lo presentaron previamente a los compañeros porque siempre da más seguridad y garantías presentarse ante el jefe con el respaldo unitario que de manera individual.

Los comentarios fueron tan variados que me quedo con algunos de ellos: vaya tontería, no lo van a aceptar, si lo presentamos nos echan a todos, tampoco está tan mal el horario que tenemos, para qué sirve si lo que tienen que hacer es subirnos el sueldo.

Definitivamente no llegó más que a las papeleras generando una terrible frustración en las personas que lo habían redactado.

La pregunta fundamental: ¿Cuándo empieza la libertad a adquirir su fuerza? Cuando se ejerce.

Es una palabra tan densa, con tanto peso que hemos aprendido a utilizarla como reclamo publicitario, pero a muy pocos nos han enseñado a ejercerla. Diversos mantos la cubren, y son mantos tan suaves y agradables, tan cálidos, que mejor estar arropado que aventurarse a una brisa desconocida.

sábado 17 de octubre de 2009

Sexualidad, trabajo y costumbres en el siglo XXI

Cinco familias, si entendemos por familia dos personas que se juntan para compartir su vida en común, aunque como en una provincia como Albacete es difícil encontrar parejas del mismo sexo, elegiré una cosa sencilla: cinco parejas, cinco hombres y cinco mujeres, cinco hijos (por supuesto, repartidos de diferente manera).
Los cinco hombres trabajan, como no puede ser de otra manera en el siglo XXI, salvo que te haya pillado la voracidad empresarial. (Es decir, tienes tantas probabilidades de estar trabajando como de estar en paro). El primero de ellos trabaja en precario: trabajo temporal, menos de 800 euros mensuales, sin convenio aplicable salvo hacer lo que el jefe diga cuando el jefe lo diga. Su palabra es incertidumbre.
Dos de ellos disponen de un trabajo normal, por normal se entiende cercano o algo superior a los mil euros mensuales, nueve horas de trabajo diarias, temporal o indefinido con menos de dos años de experiencia. Sin incertidumbre pero sin seguridad.
El tercero y el cuarto han encontrado (gracias a motivos que no analizaré aquí de momento) un buen trabajo: de seis a ocho horas diarias, entre los dos mil y los tres mil quinientos euros, disponibilidad total a cambio de variables como coche de empresa, ordenador portátil, teléfono, seguros particulares, ventajas bancarias, créditos blandos, etcétera.
Los sujetos uno y dos aún no tienen hijos.
Los sujetos dos, tres y cuatro sí.
Sus respectivas mujeres trabajan todas ellas; 1, 2, 3 y 4 incluso en trabajos de mayor categoría o consideración que la de sus maridos. La mujer del sujeto 5 es funcionaria, con lo cual el análisis queda sujeto a otros condicionantes porque la comparación entre el trabajo privado y público obliga a establecer otros medidores.
Los hombres de estas familias dedican su tiempo libre (salvo el 4 y el 5 que dedican su tiempo libre al trabajo, viajan al extranjero una vez al mes y por España semanalmente) al deporte, a los amigos, al ordenador o al deporte en la televisión de manera mayoritaria. Sus mujeres no ven mal cómo gastan o pierden el tiempo libre porque .hay que cuidar de los amigos, hay que hacer un poco de deporte porque le viene bien o cómo le voy a quitar el fútbol y las motos si es lo poco que ve en la tele.
Estas mismas mujeres dedican el tiempo libre a las tareas del hogar, a los hijos (las tres que los tienen) de manera voluntaria y si acaso queda algo o pueden permitirse contratar alguien que ayude, dedican su tiempo a algún tipo de deporte.
Todas ellas opinan que las tareas se deberían hacer de manera compartida (¿acaso no nos encontramos ya inmersos en el siglo XXI y no tenemos asumidas las ventajas de la equiparación de tareas entre hombres y mujeres?). Al entrevistarlos a ellos se encuentran respuestas del tipo: no tengo tiempo, estoy cansancio al volver del trabajo, no quiero sacrificar mi tiempo de ocio (individual y pocas veces compartido con la familia) o directamente no les sale hacer las tareas del hogar.
Algunos limpian los cuartos de baño durante el fin de semana, o hacen paellas y gazpachos (siguiendo la vieja usanza) los días festivos. Algunos son conscientes de que no apoyan a sus mujeres en el trabajo diario (las rutinas como encargarse de los hijos o tener la casa medianamente limpia), pero insisten en que cuando ella me lo dice, yo ayudo. Que no está mal. De no ser porque ellas contestan: “¿Por qué tengo yo que decirte que me ayudas cuando la casa es de los dos a partes iguales y la educación de los hijos también depende de ambos?
El siglo XXI nos deja curiosas escenas familiares, nos deja modernidad y avances pero los hijos los tienen las mujeres y son ellas quienes sufren (o gozan, según el caso) de mayores tiempos de convalecencia, baja o descanso (ninguno de estos calificativos es apropiado y no hay ninguno que englobe el periodo que una mujer pasa desde que se queda embarazada hasta que puede disponer de su tiempo y su vida de manera individualizada. Por cierto, en el caso de los varones, esto sucede con extrema rapidez, aunque depende del compromiso de los padres, por otro lado).
La cultura española avanzó mucho desde la década de los 70 del siglo XX, unos avances que a finales de dicho siglo eran patentes con la inclusión de la mujer en el mercado laboral de manera rotunda y masiva, y otras cuestiones que nos colocaron al frente de la modernidad mundial (sobre el papel).
Las diferencias sustanciales a nivel económico son patentes, es sabido que la brecha del 70 % menos que cobra una mujer con respecto a un hombre en el mismo trabajo no se reduce (siempre hablando en términos estadísticos y como media). Es vergonzosamente conocido que algunos individuos (se usa adrede este calificativo) siguen abusando de su poder físico contra las mujeres para combatir sus propias limitaciones y frustraciones.
Pero tampoco es menos cierto que el peso de un hogar, de una familia, recae siempre sobre la mujer, y los motivos aducidos caen en una serie de tópicos que mejor no escribir.